Choque cultural: LSD vs. Alcohol

¿Sabes cómo las personas amantes del yoga, de las comidas o del fitness son capaces de encontrarse aparentemente de forma mágica unos con otros en línea a través de hashtags que están directamente relacionados con sus estilos de vida o pasatiempos? Para todos los efectos, ellos tienen una cultura: hay comportamientos promovidos dentro de sus comunidades, metas comunes, conductas toleradas e incluso un discurso unificador que le dice a otros que estos chicos son todos partes de un equipo. Lo mismo sucede con las drogas (legales o no).

Los fumadores casi siempre coinciden en que fumar cigarros es cuestión de costumbre, como el cigarrillo con el café de la mañana y el de justo después de una comida. Cualquier consumidor de marihuana puede decirte que quien sea que lo arma, lo prende y que siempre debes “soplar, soplar y pasar” cuando formes parte de un círculo. Podría no ser tan obvio cuando se habla del alcohol y el LSD, pero sus comunidades también tienen culturas muy definidas que pueden ser diferenciadas fácilmente a través de sus metas.

Todo es cuestión de perspectiva

Si el alcohol fuera una persona real, se parecería a ese tipo de amigo molesto y escandaloso que todos tenemos a pesar de no tener nada en común con él y de que sufrimos crónicamente por sus bromas ligeramente ofensivas. Nos mantenemos en contacto con él debido a un sentido erróneo de lealtad mezclado con un poco de presión social debido a que a todos parece agradarle e incluso lo consideran gracioso.

En términos simples: aunque el alcohol es una droga muy fuerte, como sociedad, tendemos a pensar en él con sentimientos de apreciación. Muchos de nosotros estamos perfectamente conscientes de que conducir ebrios es sumamente peligroso, y que el alcoholismo es una enfermedad grave y potencialmente fatal. Sin embargo, el consumo excesivo de alcohol es esperado, y hasta promovido entre  estudiantes universitarios, por ejemplo. Nos reímos con amigos contando aventuras de borrachos, hay un constante flujo de artículos que encuentran gracioso (e incluso le dan la bienvenida) al comportamiento errático ebrio, y trata de pensar en la última vez que escuchaste a alguien describiendo el alcohol como algo más que un “lubricante social”. Nos guste o no, al menos que se haga referencia a un accidente en específico, el alcohol es generalmente bien recibido y promovido positivamente.

… Y los dobles estándares

Como cualquier droga psicoactiva, el resultado general variará dependiendo de la composición del lienzo (es decir tú) en el que se vertió, pero las propiedades de la droga en sí son fijas y en el caso del alcohol estamos hablando de un depresor. Es extraño que la mayoría de los medios, ya sean películas, música o programas de TV, lo asocien con un comportamiento más vivaz y positivamente recibido, mientras que las sustancias que resultan más comúnmente en experiencias positivas son mal vistas.

De hecho, intenta encontrar a una reunión social en la que puedas contar abiertamente la anécdota de cuando experimentaste una muerte del ego (ya se hablará de esto en un instante) y como finalmente pudiste ver tu verdadero yo durante un “viaje” con una dosis de LSD. El shock que va producir está casi garantizado.

La otra cara de la cultura del alcohol

Todos conocemos los efectos positivos del alcohol. Incluso sino de primera fuente, probablemente has visto o escuchado historias, en infinidad de formatos, en las que un grupo de amigos tiene una buena experiencia y crean lazos fuertes durante una noche de tragos, o en las que un protagonista tímido encuentra en sí mismo el coraje de un dios griego después de unos pocos tragos de tequila y finalmente habla con su amor de la escuela. El alcohol realmente no necesita que lo expongan más como un compañero útil aunque ligeramente torpe. Exploremos la otra cara, que a pesar de ser exponencialmente más dañina, ha sido igualmente aceptada.

No necesitas estar de juerga o al borde del alcoholismo para experimentar los efectos negativos. El consumo a largo plazo, incluso dentro de parámetros responsables, supone problemas de memoria a corto plazo, mal funcionamiento del hígado, dependencia aguda, lesiones graves a todo el sistema digestivo, y toda una gama de complicaciones cardiovasculares entre otras cosas.

Pero vamos a revisar a los aspectos no tan positivos de la cultura del alcohol que podrías estar invitando a tu vida desde el momento que abres “una fría”:

Piénsalo de esta manera: ¿Qué te llevas a casa después de una noche de tragos?

  1.    Una cabeza totalmente nublada

Alrededor del 20% del alcohol consumido va directamente al torrente sanguíneo, así que en minutos de estar bebiendo, el receptor de sangre más importante de tu cuerpo (es decir, tu cerebro) ya estará experimentando los efectos. Una vez allí, interfiere con la comunicación entre tus neuronas y disminuye la glutamina, responsable de las respuestas excitatorias. En español claro y simple: Obtienes un cerebro lento y nublado.

¿Esto qué tiene que ver con la cultura del alcohol?

Todo esto significa que tendrás dificultades cuando estés comunicándote de manera oral o escrita. Dependiendo de la cantidad que hayas consumido y de la tolerancia que hayas desarrollado, se volverá difícil transmitir tus pensamientos, y escoger las palabras apropiadas para formar oraciones normales y simples. En uso a largo plazo y excesivo se exacerban los efectos a tal punto que se llega a una pérdida del habla y de la memoria. Ese cerebro nublado y con habla limitada son sólo signos comunes de una buena dosis de alcohol para bebedores excesivos. Quizás hay personas que de verdad disfrutan no estar sobrios, o tal vez la publicidad finalmente ha penetrado en nuestra mente colectiva para inculcarnos que estar bebiendo durante 5 horas y haciendo desastres es algo agradable.

  1.    Una manera fácil para escapar el confrontar responsabilidades

Bebedores frecuentes usan el alcohol como una vía fácil para escapar de situaciones incómodas. ¿Acabas de romper con tu pareja? Ve por un paquete de seis latas; ¿Reprobaste un semestre? Momento para comprar una botella de ron; ¿Tu ex ya empezó salir con alguien nuevo? Lo mejor es estar listo para algo de ginebra. Piensa realmente sobre esto, ¿Por qué la cultura del alcohol incita a las personas a ignorar las tragedias triviales inmediatamente después de que ocurren?

Claro, escapar de la realidad no es necesariamente la razón principal para ir a un bar, pero es una tragedia que esa sea la opción más promocionada. Escritores como Hemingway y Bukowski tuvieron éxito y fomentaron la recepción positiva hacia el típico personaje “profundo” que se pierde a sí mismo en una botella. Más recientemente, hemos visto el resurgimiento del arquetipo del antihéroe que siempre está acompañado de un serio hábito de bebida y aun así de alguna manera se hace querer en la audiencia.

Incluso hemos llegado a asociar la intelectualidad con el alcohol, creyendo que cuando los intelectuales se separan de sus entornos es que crean ideas innovadoras que nunca podrían haber pensado mientras estaban sobrios. La verdad es que las ideas creativas reales y duraderas no ocurren en un vacío, e incluso los artistas más aparentemente perturbados y alienados han confrontado sus realidades y fueron capaces de percibir agudamente sus entornos para producir grandes obras en sus respectivas áreas.

  1.    Una imagen de sí mismo fuera de proporción

El alcohol por naturaleza te hace creer que eres mejor de lo que realmente eres. Mientras que tener confianza no es algo del todo malo, combinarlo con un sentido de autoridad, un comportamiento arrogante y una total falta de humildad, te hace encontrar la receta para ser una persona muy desagradable. Sin embargo, el ebrio con excesiva confianza en sí mismo es una estampa de comicidad. Lo encuentras en películas, videos viralizados, y en relatos universitarios en todas partes del mundo. Es casi como si el alcohol diera inmunidad en contra de tener que mantener  egos grandes bajo control.

  1.    Una amenaza real a la seguridad

El alcohol perjudica el juicio. Esto no es lo único que te hace pensar que es una buena idea mandar un mensaje texto a tu ex (que está a punto de casarse con alguien más) un miércoles por la noche a las 3 am después de terminar una botella de vodka completa tú sólo y tener una epifanía mediocre que no recordará la mañana siguiente.  Es también lo que obliga a algunos a beber y manejar, ir a casa con personajes sospechosos, participar en peleas de bar o terminar con una intoxicación alcohólica severa en los casos más graves.

En algunos círculos, mientras más extremo tu comportamiento, mayor será la oportunidad de que tu historia se venda una y otra vez hasta que volverte un ebrio famoso y legendario. Algunas veces una buena narración hace que algunos de estos relatos sean atractivos e interesantes, pero cuando se mira el contexto real todo lo que encuentras es un comportamiento extremo y descuidado mostrado por un ser humano real que se pone así mismo (o tristemente, a otros) en un peligro real.

¿Cómo se compara esto con el LSD?

  1.    Comunicación intensa

En algún momento, en el camino de la historia de la humanidad, se volvió indecente hablar de cualquier cosa aparte del qué está haciendo la celebridad del momento en un momento dado. Sea tu intención o no, abstenerte de conversaciones profundas conduce a interacciones dolorosamente superficiales y a una falta de retroalimentación, lo cual es otra manera de decir que tu autoconciencia tendrá muy poca profundidad.

A pesar de que consumir LSD no es la única manera de escapar de comunicaciones superficiales con otros, la cultura que rodea a este ácido se enfoca principalmente en conexiones significativas e intensas contigo mismo o con otros. Esto va más allá de los niveles básicos del hablante, oyente y mensaje, como consumidores se están comunicando en medio de una postura más espiritual.      

  1.    No hay lugar para la evasión

Ya he hablado acerca de los fundamentos básicos de la experimentación con LSD para la mejora de uno mismo, pero uno de los principales aspectos que aún debemos discutir se refiere a la voluntad del consumidor de encarar su realidad de aquí en adelante y lo que sucederá cuando se tome la decisión. Mientras tendemos a pensar en las drogas como herramientas que nos alienan de nuestras realidades, lo opuesto puede ser cierto cuando se habla de las drogas psicodélicas.

Bien sea LSD, Psilocibina, o incluso ayahuasca, se está realizando un viaje hacia el interior de uno mismo. Piensa en lo bueno, lo malo y en cada uno de los aspectos grises que hay dentro de tí que podrías ni siquiera saber de forma consciente que existían, pero que conforman tu verdadero ser. Este es el porqué de que los consumidores habituales pongan tanto énfasis en que las personas que aún son vírgenes de las drogas psicodélicas estén en la mentalidad correcta antes de intentar nada.

¿Cómo esto afecta la experiencia en sí?

Una vez que ingieras una pequeña porción de ácido, no existe manera de evitar la experiencia. No importa lo que hagas, no habrá atajos que tomar. Siempre y cuando lo estuvieras haciendo para la mejora de tí mismo, los consumidores experimentados tienden a argumentar en contra de tener cualquier pensamiento o temor que pudiera atravesar en tu mente durante la experiencia. Puede sonar un poco atemorizante, pero tiene sentido: si ya has estado llegando a tus límites mientras buscas mejorar tu conciencia o en la búsqueda por un cambio radical de perspectiva, no hay razón para dar marcha atrás y tratar de limitar tu experiencia a la zona de confort. Habrá eventualmente algunas zonas oscuras, pero cuando las encuentres recuerda que ya estaban allí y que ahora la única diferencia es que estás iluminándola. Después de todo, la droga psicodélica es el medio que utilizaste para abrir su mente, pero tú eres el que está al volante.

Probemos una explicación más concreta

Imagina tu conciencia como algo que existe fuera de tu cuerpo. Quizás como una burbuja redonda de plástico que se encuentra encima de una mesa frente a ti. Cuando inyectas esa burbuja con LSD, empezará a expandirse a un punto que pudiera empezar a alarmarte. Sentirás como si estuviera a punto de estallar, y no miento, puede ser una sensación muy inquietante o verdaderamente atemorizante. Quizás intentes poner una caja encima de la burbuja para evitar que se expanda mucho más y a lo mejor esa visión de contención en realidad te calme pero al final del día la burbuja seguirá expandiéndose debajo de la caja y todo lo que hiciste fue volver su entorno más desagradable. Por el contrario, si por iniciativa propia dejaste que la burbuja se expandiera y creciera, dejaste que la burbuja tuviese un entorno seguro.

  1.    ¿Has escuchado acerca de “la muerte del ego”?

Timothy Leary describió esta muerte simbólica como la “trascendencia completa” del yo. Específicamente hablaba acerca de la experiencia con LSD, pero curiosamente, esta es una idea que surgió en la literatura y en varias religiones a través de los años.

Ten cuidado de tratar a tu ego como un adversario

Antes de que sigamos adelante es importante clarificar que tu ego no es tu enemigo. Tendemos a mencionarlo de forma peyorativa con frecuencia alarmante. Una confusión generalizada acerca de lo que es el ego lo ha vuelto el chivo expiatorio para diversos problemas.

Digamos que te encuentras en un restaurante, y a dos mesas, en una se encuentra un sujeto con una camisa polo color naranja claro prácticamente gritando acerca de cómo se ha vuelto tan bueno en cualquier trabajo que piensa que Obama debería agradecerle personalmente por mantener por sí solo el sistema económico mundial a flote, casualmente maltrata al mesonero en cada oportunidad que tiene y ya ha rechazado tres platillos diferentes solo porque no puede decidirse si lo que desea es pasta, pollo o lasaña. Justo cuando comienzas a pensar que no pudiera ser más insoportable, él comienza alardear por tener más conquistas que todos sus amigos. Justo después de pensar cuántos amigos este idiota pudiera tener realmente, y antes de preguntarte cómo alguien puede mostrar abiertamente una sorprendente falta de autoconciencia, lo más probable es que alguien ya lo haya etiquetado como egomaníaco.

Nuestro narcisista imaginario está de hecho demasiado enamorado de si mismo y extraordinariamente obsesionado con recibir atención de todo el mundo, pero deberiamos alejarnos de la psicología de sillón. La causa no es sólo “tener un ego”. Todos tenemos uno. Así como todos los elementos de nuestro cuerpo, los problemas surgen cuando el ego se encuentra rodeado de un ambiente poco saludable.

Olvídate de vivir “sin ego”

Según Freud, el ego es sólo uno de las tres estructuras que forman la psique humana. El ego es el que se desarrolla para actuar como mediador entre lo que deseas inconscientemente y el mundo externo. Cuando has creado un sistema saludable, el ego busca maneras realistas para satisfacer los deseos mientras toma en cuenta normas sociales, expectativas y reglas. Empiezas a tener problemas cuando todos estos elementos externos se vuelven más importantes que tus propios deseos, y tu ego empezará a aplazar satisfacción. La barrera entre tus deseos y el mundo exterior siempre existirán. Empieza a luchar contra eso y gastarás un montón de energía tratando de librarte de algo que no está haciendo ningún daño.

Entonces, ¿Qué es una muerte del ego?

Los científicos no están exactamente emocionados por estudiar una droga que induce a la muerte del ego, y la literatura disponible es meramente anecdótica y depende del análisis de las personas que han tenido experiencia en ello. Una descripción común está caracterizada por la sensación de la pérdida del sentido del yo pero manteniendo conciencia del mundo externo. Posiblemente hayas escuchado la expresión “sentirse como si fueras uno con tus alrededores”, esta es la consecuencia de tu liberación del ego. Cuando se va un paso más allá y el ego  desaparece completamente las personas se sienten como si sus yos individuales se han ido y todo lo que queda es el universo. Una vez que el ego regresa, esta formado por una nueva comprensión del mundo externo y del yo.

Ten en cuenta que dependiendo de a quién preguntes, recibirás una respuesta diferente, que a pesar de estar generalmente interrelacionada, realmente proviene de diferentes sistemas de creencias. Un budista pudiera ver la fuente del dolor en el deseo y por lo tanto, podría ver la muerte del ego  como algo deseado. Mientras que alguien más empapado con la espiritualidad de la nueva era, puede asociar la muerte del ego como la muerte del yo y por ende como la transición o evolución hacia la forma más alta de conciencia.

¿Por qué es importante?

Cuando se utiliza el LSD para tratar el alcoholismo, los expertos han encontrado que una de las razones para que el ácido fuese tan efectivo es que ha ayudado a los alcohólicos a cambiar su comprensión de sí mismos y de sus alrededores. Mientras que los científicos no fueron tan lejos como para llamarlo “muerte del ego”, lo que describieron es similar a los otros reportes de la pérdida del ego. No sería completamente loco extrapolar esto a una persona sana y darse cuenta que podría ayudarlos a encontrar una nueva perspectiva en la vida.     

  1. Una sobredosis que amenace tu vida no es algo que tenga que preocuparte

Esto es algo que vale la pena repetir una y otra vez cada vez que se discute sobre el LSD. A pesar de las representaciones del LSD en los medios de comunicación, no ha sido responsable de ninguna muerte. Mientras algunas fuentes aseguran que un usuario tendría que tomar una cantidad loca de LSD para poder tener una sobredosis, otros determinan síntomas comunes (como alucinaciones y sinestesia) como signos de una sobredosis real pero concuerdan en que no es peligroso para la vida.

Mientras las investigaciones formales sigan prohibidas, no existe una respuesta definitiva pero algo en lo que podemos confiar es que no existe semejante cosa como una sobredosis de LSD que atente contra la vida.

  1. Cuidado con los imitadores

Como he dicho anteriormente, debes tener mucho cuidado del 25l-NBOMe. Este componente, desarrollado en 2003, ha sido vendido como LSD y ha sido directamente relacionado con muertes, paros cardíacos, y sobredosis.

  1. Una experiencia memorable

¿Cuántas veces has escuchado de un apagón causado por la borrachera de alguien? Existen miles (o 67.300 para ser exactos) de videos en YouTube ya sea diciéndote cómo tener de la “forma correcta” una tremenda borrachera o para presentar a otras personas en sus estupores de ebrio. “¿Por qué te gustaría no recordar la noche en que saliste a beber?” Puede ser la pregunta de cualquiera, pero aparentemente es un objetivo común entre los bebedores frecuentes. En contraste, los consumidores regulares de LSD se esfuerzan en recordar sus experiencias. Después de todo no puedes conscientemente cambiar cuando ni siquiera puedes recordar qué hiciste. Incluso años después de tu primera experiencia, lo más probable es que lo recuerdes vívidamente.

Piensa en la pureza y el consumo seguro

Siempre recuerda que la experimentación debe realizarse en el ambiente más seguro posible. Es extremadamente importante que minimices los riesgos al saber exactamente qué estás consumiendo y evites lugares que pudieran detonar una experiencia negativa durante un estado de mente alterada.

¿Has oído hablar de los psiconautas?

Los consumidores más experimentados recomiendan tener “un compañero de viaje” para la primera vez. Alguien de confianza que haya tenido más experiencia que tú  y que pueda dar una salida útil a una mala experiencia. A pesar de que no es exactamente un término ampliamente utilizado entre los consumidores de LSD, las personas que ayudan a otras a viajar en diferentes estados de conciencia ya sea a través de la meditación, drogas psicodélicas, o por otros medios, son llamados psiconautas. Incluso si parece que sus experiencias son más anecdóticas que científicas, ten en cuenta que los consumidores de LSD por mucho tiempo han tenido que depender de sus conocimientos empíricos debido a la prohibición de hacer investigaciones más formales. Teniendo a alguien observándote mientras vives tu experiencia es otra forma que los consumidores de LSD tienen para tener una experiencia segura.

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